Por José María Vilella Guash
Director
de NQL y AyGLI
Parece difícil conseguir templar los nervios con el clima que estamos viviendo. Pero, claro está, la pasaremos peor si nos dejamos llevar por la desesperación y abandonamos los difíciles deberes que hemos de atender.
La situación de la lavandería industrial privada está empeorando por las circunstancias que vive la economía del país. Lo sabemos bien en AyGLI, pues representan nuestros clientes, a los que dedicamos nuestros soportes. Así que el diagnóstico viene de primera mano.
Eso sí, cada sector está sufriendo su particular crisis. Y, en relación con el estado de su salud empresarial, tendrá la oportunidad de conseguir subsistencia, incluso oportunidad de negocio. O, por el contrario, sucumbirá a las turbulencias relacionadas con la demanda de servicio y, sobre todo, con las posibilidades de financiación.
La caída del consumo y la enorme dificultad para obtener dinero, dos aspectos esenciales para el tejido empresarial, ha provocado una evolución marcada del desempleo en el transcurso de un año. Esta situación origina un enfriamiento brutal en el uso de los servicios de hostelería y de restaurantes, sectores muy sensibles ante los vaivenes de la confianza del consumidor y la falta de liquidez. La consecuencia la sufre de forma directa las lavanderías industriales, que precisamente se nutre del buen funcionamiento de aquellas actividades y ahora ve reducida su cifra de negocio.
Las cifras preocupan. Sobre todo respecto a la evolución del desempleo, que asciende a alrededor de cuatro millones de parados. En algunas lavanderías, en particular dependientes del sector hotelero y de restaurantes, ¡el volumen de producción ha caído hasta un 35%! Esto provoca una salida, en ocasiones desesperada, hacia la busca de nuevos clientes y, como es de suponer, conseguirlos pasará en buena parte por el ajuste a la baja de tarifas.
La situación remite a la pescadilla que se muerde la cola. Los clientes que uno consigue los pierde otro y, en esta línea, el estado de la actividad se deteriora a paso galopante. Y a esto debemos añadir que las dificultades para cobrar los servicios prestados van en aumento y que todas las precauciones que se tomen al respecto serán pocas.
Por suerte, la actividad hospitalaria se mantiene y continúa creciendo en sus servicios. Ello permite la estabilidad en las lavanderías que le dan servicio.
Ante este panorama, la mejor opción, quizá la única, consista en doblar esfuerzos para controlar los costes de producción. Energía y coste de personal son los dos caballos de batalla en los que, en demasiadas lavanderías, aún queda mucho por mejorar.
La optimización del uso de la planta; el correcto uso de la tecnología que nos permite mantener calidades y productividades sin interrupciones; la revisión permanente de los niveles de productividad obtenidos; las correcciones de las desviaciones. Todas estas constituyen recetas que permitirán una mejora del resultado previsto, mejoras ineludibles en tiempos de crisis.
De este camino pedregoso queda aún un buen trecho. Pero llegará una mejoría y, como en todas las etapas históricas de este tipo, habremos aprendido cosas importantes. Eso sí, deberemos aprender y desplegar la voluntad necesaria para aplicar las recetas y tomar las precauciones una vez superado el trance. |