Hace 20 años, 9 empresarios hosteleros de Murcia se agruparon tras un objetivo: dotar a sus establecimientos de un servicio propio de lavado de ropa. Este fue el inicio de la lavandería hotelera Lahosa, que dirige Francisco Arronis. El tiempo, la experiencia, los vaivenes, hicieron el resto. Hoy esta planta, con una capacidad de producción de 6.000 kilos de ropa diarios y una plantilla de entre 15 y 20 personas, opera en el mercado para todos aquellos que demanden sus servicios: desde pequeños restaurantes hasta grandes hoteles.
Arronis reconoce que la asociación resulta compleja, pero con esmero y cabeza se consolida y pronto se ven sus frutos. “En aquellos tiempos era muy difícil de crear, conseguir que se reuniera la competencia…”, medita. Y luego insiste: “Es muy difícil, ¿eh? Pero se consigue cuando se tiene voluntad”. Como otros lavanderos, su consigna resulta conocida: “Estamos dedicados a la calidad, es lo que ofrecemos a nuestros clientes”.
La lavandería hotelera Lahosa cuenta hoy con un espacio propio en un polígono industrial. Alrededor de 2.000 metros cuadrados donde se aloja la parte administrativa y de producción. Esta última dotada de 2 calandras automáticas para trabajar mantelería y sábanas; secadoras; plegadoras de toallas; lavadoras. Instalaciones puestas a disposición de clientes con características muy dispares, entre los que también se encuentran los accionistas de la propia compañía. Pero mientras que antes la lavandería atendía las necesidades de éstos últimos, en la actualidad el techo de crecimiento de Lahosa ha cobrado altura, pues ha sacado sus servicios al mercado de la mano de un grupo de comerciales.
P- ¿La diferencia de clientes marca una diferencia de relación comercial y de exigencia?
R- Sin duda. Y el pequeño es suele ser mucho más cómodo de llevar que el grande (risas). Sí, son muy diferentes. Nosotros nos estamos dedicando con intensidad a los pequeños establecimiento de restauración y, para ello, partimos de la premisa de que tienen poca ropa y que el desplazamiento resultará muy caro. Así que la única forma de trabajar y conseguir buenos resultados consiste en crear un sistema de renting para ofrecerle ropa en condiciones y poder gestionarla nosotros mismos.
P- ¿Por qué los clientes grandes resultan más incómodos?
R- Los grandes son muy exigentes, te hacen mucha fuerza. Un cliente que tiene 1.000 kilos diario ejerce mucho más fuerza que uno que demanda 10 kilos diarios. Para mí, lema sería: se vive mejor con muchos poco… que con pocos mucho...
P- Además, imagino que las grandes compañías hosteleras tienen poder para retrasar más los pagos y están más burocratizadas.
R- Sin duda. Por otra parte, en el sector de la lavandería sucede que hay empresas que, por su potencial económico, pueden acercarse a las grandes compañías y ofrecerles condiciones ventajosas, más que en calidad, en cuanto a precio.
P- Una idea que vienen reivindicando algunos expertos en el sector de la lavandería apunta que para que las pequeñas y medianas plantas consigan mayor poder de negociación frente a los grandes grupos deben asociarse o, al menos, coordinarse. ¿Qué piensa?
R- Estoy totalmente de acuerdo. Yo fui presidente de la Asociación de empresarios de Murcia durante 18 años y entiendo mejor que nadie que la única forma de vencer es encontrar elementos comunes de coordinación.
LA VARA DE MEDIR DE LAS VENTAS
P- En estos momentos de crisis, además de la liquidez, ¿qué problemas encuentran para operar?
R- En la lavandería, y en cualquier empresa, el principal problema consiste en cómo acoplar la realidad de la plantilla a la realidad de las ventas. Y para atacarlo, nosotros estamos ahora mismo con el departamento comercial trabajando al 100 por ciento ofreciendo lo que nosotros podemos ofrecer: calidad y precio.
P- La productividad en las lavanderías, y en cualquier empresa, constituye un ítem fundamental para la performance del negocio. ¿Cómo abordan este aspecto?
R- En eso estoy de la mano de AyGLI, y hemos conseguido lo que pensamos que no íbamos a conseguir nunca. Es decir, que estamos en una línea de productividad muy fuerte. Antes, me da vergüenza decirlo, rondábamos los 24 kilos por personas, lo cual realmente es una ruina, y ahora estamos cerca de los 45.
P- ¿Cuál fue la receta?
R- El asesoramiento y la comunicación con el personal. Sobre todo, ponderamos la productividad por encima de todo, porque sin productividad no podemos crecer. A la gente hay que indicarle... Hay que alentar la constancia, la continuidad, por ejemplo, entre el lavado y el planchado. Si no se producen tiempos muertos. Cuando hay poco trabajo, sobre todo, parece que la gente se adormece y trabaja a con menos intensidad. En máquinas como las calandras esto implica un derroche enorme. Esta es una industria donde falta profesionalización.
EL RENTING QUE VIENE
P- ¿Qué opina del servicio de alquiler de ropa ofrecido por la lavandería?
R- Es el futuro, sobre todo para el sector hostelero. Con este sistema los hoteles le pasan el problema a las lavanderías. Las ventajas son claras: la lavandería puede disponer de los cinco juegos de ropa que los hoteleros deberían disponer pero nunca lo hacen: nunca ponen la ropa imprescindible para trabajar con lavanderías. Y, para la lavandería es mejor, porque el cliente no te obliga a trabajar de forma disparatada, como sucede muchas veces que abres hasta el domingo para que el hotel disponga de los juegos reglamentarios. Además, una de las trabas fundamentales para la buena productividad consiste en trabajar a deshora para atender las necesidades puntuales de un cliente que quiere que se le hagan 30 kilos de ropa en momentos inadecuados. Con el alquiler esto lo evitas, porque entregas los conjuntos necesarios a cada albergue y los recoges en determinados días. Así también ahorras desplazamientos, vienes con la camioneta a reventar con mil kilos de ropa en lugar de hacer varios viajes; incluso economizas detergentes. Muchas veces la productividad depende de eso.
P- Suena interesante.
R- Sí, nosotros lo venimos aplicando desde algún tiempo, incluso los grandes hoteles nos obligan a prestar este servicio porque se han convencido de que es la forma más adecuada de trabajar. Y a nosotros nos gusta tanto que la única salida que vemos incluso con el pequeño restaurante que trabaja con 10 kilos al día, y que te demanda acercarte una o dos veces a la semana para recoger sólo 50 u 80 kilos, es ofrecerle ropa, con poco diferencial sobre el acabado original, con una marca, y poder así trabajar con él. Ese es el futuro de muchas lavanderías
P- ¿Qué valoran más sus clientes?
R- Hay dos cosas fundamentales: el nivel de limpieza del hotel de la ropa, que está condicionada por la propia lavandería. Yo estoy lavando ropa que en muchos establecimientos lavanderos no usan los detergentes adecuados. Esto es fundamental para el hotel. La puntualidad es muy importante, pero la calidad es fundamental.
P- ¿Considera que hay competencia desleal en el sector del tratamiento de prendas?
R- Hay empresa que tienen unos medios con los que consiguen unos resultados que no cualquier puede enfrentar. La única forma de afrontar esto es la unidad del empresario por medio de sus asociaciones y conseguir lo mismo que los grandes por este medio. Podríamos tener las mismas ventajas. De ahí surgió esta lavandería, de la necesidad de varios empresarios hosteleros de tratar bien su propia ropa.
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